AUTOGOLPE

Un “golpe de estado” consiste en cooptar un sector del aparato del Estado, que es luego usado para desplazar, de modo repentino e ilegal, al gobierno central y asumir el control del poder. En la jerga política informal, se denominan “duros” o “blandos” si involucran o no actos violentos. Éstos ocurren comúnmente desde algún sector de las fuerzas armadas, al menos eso es lo primero que nos viene a la mente en nuestras latitudes.
Sin embargo, como expresión del análisis político surge inicialmente para describir el mecanismo que usaron los regímenes de la Alemania nazi y la Italia fascista para alcanzar el poder absoluto. En ambos casos, éstos llegan a los cargos ejecutivos democráticamente —por medio de elecciones libres— pero terminan controlando ilegalmente todo el aparato del Estado. Así, en el sentido original la locución corresponde a lo que hoy en cambio llamaríamos “autogolpe”, pues es la fracción YA DOMINANTE dentro del Estado la que somete al resto de los poderes.
Teniendo bajo control los poderes ejecutivo y legislativo, todo intento por parte de CFK de dominar al restante poder judicial representa una genuina tentativa de autogolpe, como por ejemplo lo fue la hoy fracasada reforma judicial declarada eventualmente inconstitucional por la Corte Suprema. No obstante, mientras aquellos avances sobre la Justicia respondían a un proyecto totalitario y de perpetuidad en el poder, hoy es más factible que cualquier maniobra en ese sentido tenga como única ambición asegurarse una futura impunidad, como lo fue el vano intento de “ley de autoamnistía” en las postrimerías del régimen militar.
Especulaciones y rumores sobre renovados intentos autogolpistas al presente abundan y quizá lo más grave sea vivir en un contexto institucional en que estamos obligados a darles entidad.

fuente: educando al soberano