El Argentino es financieramente analfabeto

Responder
  1. #1
    La vida es bella Avatar de 0Config
    Registración
    Mar 2003
    Mensajes
    19,903
    Ubicación
    Cocoland, Haiti, Argentina

    El Argentino es financieramente analfabeto

    Esta es la noticia: Sólo el 28% de los argentinos que participaron de una encuesta telefónica global sobre nociones financieras básicas pudieron contestar correctamente al menos 3 de las 5 preguntas que se le hicieron, frente a un 37% promedio en el mundo.

    Alfabetización financiera: sólo el 28% de los adultos argentinos maneja conceptos elementales
    ... Los argentinos no quedaron más lejos del promedio global gracias a que se destacaron en la única pregunta que versaba sobre inflación con el 65% de las respuestas correctas frente a la media del 52% de aciertos que se obtuvo en todo el mundo.


    A fines del año pasado se conocieron los resultados de la Encuesta Global sobre Alfabetización Financiera de Standard & Poor’s Ratings Services (Standard & Poor’s Ratings Services Global Financial Literacy Survey) hecha en 2014. La investigación es parte del Gallup World Poll Survey, que busca conocer las opiniones y aptitudes de unas 150.000 personas en 148 países. El segmento dedicado a conocimientos financieros consta de cinco preguntas sobre nociones básicas de aritmética, inflación, interés e interés compuesto, esenciales para actuar como consumidor y sujeto de crédito.
    Y esta es la razón señores y señoras (una de ellas) por las que soportamos gobiernos rídiculos que nos roban en los hechos cuando en el discurso prometen un estado de bienestar económico y social. La sociedad argentina parece no entender que hay que producir, que para gastar hay que tener, que gratis no es nada, que lo que sacas de un lado y lo das en otro luego falta, que sin inversión no se crece, que el ahorro es importante, que consumo sin inversiones es idiota porque se reduce la oferta y los precios aumentan por ley de oferta y demanda .... es que somos analfabetos y así nos quieren, somos más fáciles de manejar por una Milagro sala, por una Kerner, un Plan o el ladri de turno.


    Un reflexión:

    Del modelo consumista al de inversión
    En los círculos académicos de economía se sostiene que hay dos milagros de difícil explicación: el de Japón, un país casi sin recursos que se convirtió en pocas décadas en uno de los más desarrollados, y el de la Argentina, país que a principios del siglo XX caminaba raudo hacia el desarrollo con la educación como emblema y todos los recursos a su disposición y que, sin embargo, retrocedió para encharcarse en el subdesarrollo.

    Creo que en ambos casos se dio la lógica pura. En el caso argentino -el único a analizar-, el país rompió la regla que lo había convertido de la nada -casi un desierto- en uno los países más promisorios del planeta.

    La regla de oro consiste en no gastarlo todo y asignar una parte de la producción a inversión, ya que ésta es el único instrumento que existe en cualquier tipo de sociedad y tiempo histórico para progresar económicamente y mejorar el bienestar. Esta fórmula no es un invento perverso del neoliberalismo. Es propiedad intelectual de la humanidad.


    ¿Qué sucedió? Hace 60 o 70 años, el país comenzó a gastar más de lo que producía. No fue una práctica de excepción -lo cual, como bien lo señala la teoría keynesiana, en ciertas circunstancias es económicamente recomendable-, sino que pasó a ser la realidad estructural de la Argentina. Esta conducta viciosa, en lugar de atenuarse, se fue consolidando en el tiempo.

    El consumismo es una enfermedad y lo asombroso es que la sociedad argentina no reconoce ni admite su padecimiento. Cree que los males del país son consecuencia de los zarpazos del resto del mundo, consumados en complicidad con oligarquías apátridas asociadas al expolio y embanderadas en una ideología: el neoliberalismo...

    Es obvio que el capital está al servicio del hombre y no a la inversa. Sin embargo, por la naturaleza del capital, esto no se consigue por decreto. Hay que entender -hasta los chinos lo aceptaron- el carácter nómade del capital, que va donde tiene la expectativa cierta de un retorno conveniente y seguro. En cambio, la fuerza del trabajo es en esencia sedentaria (es migratoria sólo una ínfima parte). Si a esa fuerza no se le acopla el capital a través de la inversión para que aumente la productividad, es imposible que mejore sustentablemente el nivel de ingreso.

    Por eso, es fundamental que la sociedad comprenda y sea tolerante con el esfuerzo que se está iniciando y sepa que la gran inversión -sobre todo la inversión directa- puede tardar en llegar, que no es cosa de un día para el otro. Que hay que ir satisfaciendo condiciones que son necesarias pero no suficientess....

    Sin el concurso del capital, como fue evidente en este último lustro de estancamiento, no habrá ninguna posibilidad de mejorar el nivel de vida en la Argentina. Hay que pasar de un modelo consumista, de fuga de capitales y generador de pobreza a otro de inversión, atracción de capital y jerarquización del empleo. Y lo peor que puede suceder es que el proyecto quede a mitad de camino, mostrando sólo los costos y no los beneficios. O que la nueva administración, sin el suficiente acompañamiento de la sociedad y con tal de no devolverle el poder a la farsa que nos gobernó, se vea obligada a arriar banderas y devengue en una suerte de kirchnerismo con buenos modales.

    La inflación está indisolublemente ligada al consumismo y es enemiga del ahorro y de la inversión. En un escenario de 100 pesos y 100 juguetes, cada juguete equivale a un peso. Si al mes siguiente se imprimen y agregan 20 pesos, circularán 120, y cada juguete equivaldrá a 1,20. Si al otro mes se vuelven a imprimir otros 20, el circulante sube a 140, y cada juguete valdrá 1,40. Y si alguien guardó el peso original, ya no podrá comprar con él un juguete. Perdió. Esto impulsa a todos a gastar y evitar el ahorro, que se canaliza a monedas extranjeras que conservan el valor de compra. Se promueven el ahorro y la inversión foráneos.

    Toda vez que hay inflación es que las cuentas no cierran, que los gastos superan a los ingresos. Cuando el Estado no puede cubrir sus gastos con lo que recauda ni puede financiarlos porque no tiene activos para vender ni capacidad para más endeudamiento, recurre a emitir moneda sin respaldo. En ese acto se genera la inflación. Si un particular gira cheques sin fondos es que tiene problemas de caja. Es el último recurso. Al igual que el Estado con la emisión espuria. El desborde en los gastos del Estado es siempre concordante con el de la sociedad. Cuando en la sociedad el nivel de los sueldos supera el valor de la producción nacional, lo mismo le ocurre al Estado con sus gastos, que son mayoritariamente salarios que están sintonizados con los del sector privado.

    La inflación es como la fiebre que indica una infección. Y la Argentina vivió siempre con esa fiebre. Es decir, en desequilibrio entre gastos e ingresos. A pesar de la obsesión por doblegarla (de Gelbard a Martínez de Hoz), la inflación fue una constante, en democracia o en dictadura. Salvo cuando fue artificialmente reprimida, en la década del 90, vendiéndonos la ilusión de que había sido derrotada sin sacrificar consumo. O en los primeros años de la poscrisis de 2001. Durante 10 años -de 1991 a 2001- se pretendió aplastar la fiebre con la ley de convertibilidad del uno a uno con el dólar. Resultó un agravante: la realidad estalló en la peor crisis de la historia argentina, porque el país, lejos de adaptarse a la restricción que imponía la convertibilidad, continuó gastando más de lo que producía. Pudo financiar el desequilibrio por un tiempo, rifando empresas públicas y concesiones, y luego con crédito externo. El colosal e inhumano ajuste que produjo esa crisis le dio al país los únicos pocos años donde el consumo estuvo en armonía con el valor de la producción: los años de los famosos superávits gemelos y el crecimiento a tasas chinas. Eso sucede cuando hay potencial -y a la Argentina le sobra- y equilibrios macroeconómicos. Éstos fueron los únicos y escasos años genuinamente sin inflación.

    No fue mérito del kirchnerismo, como se alardea, sino consecuencia del descomunal ajuste por la crisis precedente. Esto le brindó a esa fuerza el respaldo político que usufructuó desde entonces. Trágicamente, dilapidó esa extraordinaria oportunidad, tiró por la borda los equilibrios para construir una realidad y un relato útil sólo a sus fines políticos, y legarnos como herencia maldita la explosiva situación consumista de hoy, donde el gasto colectivo supera con creces el valor de los bienes y servicios generados en el país.

    El kirchnerismo no sólo le devolvió a la sociedad el nivel de consumo previo a la crisis de 2001, en el ciclo consumista más extenso de nuestra era, sino que repartió en consumo toda la plusvalía de los precios excepcionales de las materias primas. Esos valores ya no están, pero el consumo queda. Por eso es mayor aún el desequilibrio. Y por eso fue un milagro haberle arrebatado el poder. Y por eso su resentimiento con una sociedad a la que le dio "todo".

    Para peor, su mayor éxito en el paso por el gobierno tal vez lo constituya la construcción de ese relato perverso y distorsivo -pero muy comprable por la sociedad, siempre dispuesta a tomar los hechos por donde más le conviene-, donde el salario de los argentinos es algo sacrosanto que no se puede negociar. ¿Cómo adecuar entonces el gasto al valor de la producción y ordenar macroeconómicamente el país para volver a crecer? Sin duda, una tarea de alta ingeniería.

    Ricardo Esteves PARA LA NACION, Empresario y licenciado en ciencia política
    • Me gusta
    Me gusta
    Poco pero bueno

  2. Compartí este Tema:
    • Vistas: 230
    • Mensajes: 1
    Seguí este Tema: Suscribite
  3. #2
    Avatar de santimaster2000
    Registración
    Dec 2006
    Mensajes
    13,976

    Re: El Argentino es financieramente analfabeto

    Chocolate.
    • Me gusta
    Me gusta
    Citar Mensaje original enviado por Dr.D Ver Mensaje
    ¿Para que querría ser eso? Es más divertido boludearlos diariamente, hacerles cumplir reglas que yo no acataría ni por asomo, banearlos porque se me antoja y leerlos quejarse, como si a alguien le importara.

Responder