La recuperación del manejo de la política económica por parte de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner es una de las marcas de agua del Gobierno desde 2003. Hasta entonces, el ministro de Economía tenía tanto o más poder que el presidente, e incluso en innumerables situaciones lo que dijera el FMI era más determinante que la posición del jefe de Estado. Carlos Menem, por citar algunos ejemplos, llegó al paroxismo de entregarle las llaves del Ministerio de Economía a Bunge & Born cuando ganó en 1989, y después del estrepitoso fracaso, repitió la fórmula con Domingo Cavallo en 1991. Fernando de la Rúa le siguió los pasos. Siempre atraído por los blindajes, el primero que intentó fue designar a cuatro economistas pro establishment en su gabinete para asumir en 1999: José Luis Machinea en Hacienda, Adalberto Rodríguez Giavarini en Cancillería, Ricardo López Murphy en Defensa y Juan José Llach (padre de Lucas, el actual compañero de Ernesto Sanz) en Educación. Cuando todo falló, volvió a repetir con Cavallo y de ahí al helicóptero.

El kirchnerismo rompió el molde. Néstor y Cristina tuvieron ocho ministros de Economía en doce años de gestión: Roberto Lavagna (2002-2005), Felisa Miceli (2005-2007), Miguel Peirano (de julio a diciembre de 2007), Martín Lousteau (de diciembre de 2007 a abril de 2008), Carlos Fernández (2008-2009), Amado Boudou (2009-2011), Hernán Lorenzino (2011-2013) y Axel Kicillof (desde el 20 de noviembre de 2013). Más allá de los méritos y falencias de cada uno y del contexto en que les tocó actuar, seguramente habrá consenso en que los tres más destacados fueron Lavagna (estabilización financiera y cambiaria, reestructuración de la deuda, despegue económico a tasas chinas), Boudou (promotor de la recuperación de las AFJP, la Asignación Universal por Hijo, el canje de 2010, el pago de deuda con reservas del Banco Central y el repunte económico tras la crisis internacional) y el actual ministro, Kicillof (gran influencia en la nacionalización de YPF, reforma de la Ley de Abastecimiento, acuerdos con Repsol y el Club de París y defensa férrea del interés nacional frente a los fondos buitre y el establishment local). En todos los casos, como se marcó al comienzo, las medidas que tomaron y el rumbo de la gestión estuvieron y están conducidos a rienda corta por la jefatura presidencial.

En la misma línea, NK y CFK terminaron con la trampa de la supuesta independencia que debería tener el Banco Central del poder político, como si se tratara de un Estado aparte reservado para los economistas ortodoxos de la city. Ese espacio colonizado por el poder financiero desde la dictadura fue recuperado para un proyecto productivo por el kirchnerismo. Los presidentes de la autoridad monetaria en esta etapa fueron seis: Alfonso Prat Gay (2002-2004), Martín Redrado (2004-2010), Miguel Angel Pesce (interino durante el verano de 2010), Mercedes Marcó del Pont (2010-2013), Juan Carlos Fábrega (2013-2014) y Alejandro Vanoli (desde el 1º de octubre de 2014).

La combinación de ministros de Economía y presidentes del Banco Central de 2003 a la fecha fue la siguiente: Lavagna-Prat Gay, Lavagna-Redrado, Miceli-Redrado, Peirano-Redrado, Lousteau-Redrado, Fernández-Redrado, Boudou-Redrado, Boudou-Pesce, Boudou-Marcó del Pont, Lorenzino-Marcó del Pont, Kicillof-Marcó del Pont, Kicillof-Fábrega, Kicillof-Vanoli.

Fueron trece fórmulas en doce años. Al repasarlas, la que integran Kicillof-Vanoli aparece como la más potente y la más armónica de toda la etapa, la que muestra mayor sintonía en la profundización de un rumbo heterodoxo, al que aún le queda mucho por recorrer. Los operativos conjuntos entre el Banco Central, Economía, CNV, UIF y Procelac contra las maniobras cambiarias ilegales, que se vienen profundizando estos días ante la amenaza de una nueva corrida preelectoral, reflejan la coordinación que lograron entre Hacienda y la autoridad monetaria.

No ocurrió así cuando Juan Carlos Fábrega ocupó la presidencia del Banco Central. Las diferencias con Axel Kicillof fueron permanentes en aspectos centrales, desde si había que devaluar o no, hasta si había que combatir la fuga de divisas y el mercado ilegal como se lo hace ahora o buscar mecanismos de negociación con el poder financiero. Cristina Kirchner terminó por marcar el rumbo cuando le reprochó a Fábrega por cadena nacional que hubiera miles de expedientes cajoneados y el banquero tuvo que dar un paso al costado.

Antes de ello, Kicillof y Marcó del Pont debieron lidiar con el omnipresente ex secretario de Comerico Guillermo Moreno, con criterios y métodos propios, y en los anuncios económicos participaban cinco funcionarios, sumándose Débora Giorgi (Industria) y Ricardo Echegaray (AFIP). Algo similar se dio cuando Lorenzino estaba en Economía.

Boudou y Marcó del Pont, en tanto, coincidieron en la decisión de pagar deuda con reservas, pero mientras el primero resultaba confiable para el sistema financiero, a la segunda la tenían entre ceja y ceja. La etapa anterior en el Central, con Martín Redrado, terminó en escándalo por el rechazo del funcionario al Fondo de Desendeudamiento. Allí también la que laudó fue CFK, echando al ex Golden Boy, como antes lo había hecho Kirchner, en 2005, con Roberto Lavagna de Economía, por su propuesta de aplicar un profundo ajuste fiscal para combatir la inflación.

En síntesis, el recuento de votos en esta elección de la mejor dupla kirchnerista en el Ministerio de Economía y el Banco Central le otorga a la fórmula actual, Kicillof-Vanoli, una ventaja clara sobre las demás. El ministro logró aquello que también supieron hacer Lavagna y Boudou: ser un transmisor claro de las ideas del Gobierno, animándose a la polémica, derribando mitos y defendiendo políticas de promoción del aparato productivo, el trabajo, el mercado interno y la redistribución del ingreso. Ese perfil encaja con el de Vanoli, quien a su vez proviene del Plan Fénix, espacio desde el cual reclamaba por todas esas políticas que ahora lleva adelante con decisión en la autoridad monetaria.

A Kicillof se lo menciona como posible candidato a diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires. De no ser así, e incluso si fuera elegido y optara por pedir licencia a la banca, es un postulante firme a permanecer en el Palacio de Hacienda en un eventual gobierno de Daniel Scioli. Vanoli, por su parte, tiene mandato hasta 2019 en el Central. Eso le da al aspirante a la Casa Rosada por el Frente para la Victoria una posibilidad única de mantener el tándem de ministro de Economía y presidente del BCRA del gobierno anterior, ya con suficientes horas de vuelo y el reconocimiento de ser el equipo más consistente en doce años de kirchnerismo. Es una situación que prácticamente no ha ocurrido en la historia argentina desde la creación del BCRA. La última vez fue 1973, cuando Héctor Cámpora designó a José Ber Gelbard y a Alfredo Gómez Morales, respectivamente. La pareja se sostuvo durante el interregno de Raúl Lastiri y llegó hasta Juan Domingo Perón, aunque la experiencia no llegó a durar un año y medio.

Los cambios constantes de los funcionarios económicos son también una muestra de la inestabilidad que ha sacudido al país a lo largo de su historia. A Scioli, como se dijo en el párrafo anterior, se le presenta una oportunidad inédita, y más si su intención es profundizar el modelo. Kicillof-Vanoli muestran diferencias profundas con otros postulantes a Economía y el Central que, en principio, parecen más cercanos al precandidato, como Mario Blejer y Miguel Bein. Y las discrepancias son todavía mayores con otras fórmulas de la oposición, como las que podrían constituir Federico Sturzenegger-Rogelio Frigerio o Carlos Melconian-Miguel Angel Broda por el macrismo, u otra vez Lavagna-Redrado por el Frente Renovador, aunque ya sin la conducción de Kirchner, sino con la de Sergio Massa. En tiempos de definición de listas y de campaña electoral, las fórmulas económicas también serán terreno de disputa.
http://www.pagina12.com.ar/diario/ec...015-06-20.html

Muy interesante la nota, ahi tienen los posibles duo que van a intentar traducir las boludeces que dicen los politicos a la realidad economica