Filmar la Patagonia trágica

“Lo suyo fue una amalgama entre cine y coraje”, definió Osvaldo Bayer en la Legislatura, en un homenaje que repasó toda la trayectoria del cineasta, pero con especial hincapié en la realización de esa película que le valió la persecución de Miguel Paulino Tato.

Héctor Olivera tuvo una suerte envidiable: no sólo pudo hacer de su pasión una vocación, sino también una profesión. La tríada motorizó una vida dedicada a la dirección y producción cinematográfica, permitiéndole vincular su nombre con más de cien películas, varias de ellas fundamentales en la historia de la industria nacional, como La Patagonia rebelde, No habrá más pena ni olvido, La Noche de los Lápices, Tiempo de revancha y Ultimos días de la víctima. Fundador junto a Fernando Ayala de la emblemática compañía Aries Cinematográfica Argentina (ver recuadro), en 1956, Olivera recibió anoche su justo reconocimiento al ser declarado por la Legislatura Personalidad Destacada de la Ciudad de Buenos Aires en el ámbito de la Cultura. Fue en una ceremonia en la que participaron, además de Olivera, los cineastas Adolfo Aristarain y Manuel Antín, el historiador y periodista Osvaldo Bayer y el legislador y promotor del reconocimiento, Julio Raffo.

“Dedicarle la vida, con democracia o sin ella, a recrear asuntos argentinos en una actividad tan compleja y llena de dificultades de todo tipo como el cine forma parte del heroísmo”, reconoció Antín al comenzar el evento realizado en el Salón Dorado de la Legislatura. Luego fue el turno de Aristarain, quien recordó cuando fue convocado por Olivera para hacerse cargo de dos proyectos comerciales como La playa del amor y La discoteca del amor. “Fue la primera vez que cobré un sueldo y, para mi sorpresa, él no puso ningún condicionamiento sobre lo que filmaba”, aseguró el director de Tiempo de revancha, uno de las tantas producciones de Aries.

Pero quizá la película más emblemática de Olivera sea La Patagonia rebelde. Ganadora del Oso de Plata en el Festival de Berlín de 1974, el film se basa en el libro Los vengadores de la Patagonia trágica, en el que Osvaldo Bayer recupera los hechos sucedidos en la masacre obrera durante una huelga a comienzos de la década del ’20. “Fue el hombre capaz de difundir un tema sobre el cual nadie se atrevía a hablar –sintetizó el periodista, antes de narrar cómo fue el surgimiento de aquel proyecto–. En 1973 me llamó por teléfono a la redacción del diario en el que trabajaba, se presentó, dijo que había leído el libro y que había resuelto que ése sería el tema de su próxima película. Me quedé mudo. Yo sospechaba de todos los directores de cine (y sigo haciéndolo) porque antes me habían cambiado un guión. Lo pensé y al otro día lo llamé para decirle que aceptaba, pero con algunas condiciones: que se respetara la verdad histórica, que yo adaptara el guión y que estuviera de observador en toda la filmación. Hubo un minuto de silencio y después me respondió que sí”, dijo.

“La filmación nos unió durante meses y sus consecuencias lo hicieron durante años”, sintetizó Bayer. La fidelidad al relato escrito le valió a la dupla el ejercicio de “la violencia del poder y la censura del señor Paulino Tato, un hombre que tendrá para siempre el peso de la historia”. Pero el trabajo valió la pena. “Es un clásico del cine. Nada de subjetivismos. La vida tal cual. Así se impuso la verdad histórica de un crimen siempre negado”, redondeó el periodista luego de definir a Olivera como una amalgama entre “cine y coraje”. “La verdad es que creo que fui un gran irresponsable porque hice esas películas épocas muy duras”, reconoció más tarde Olivera a Página/12. También aseguró que planea seguir filmando, más allá del gran presupuesto que habitualmente requieren sus producciones. Es una actitud por demás lógica para alguien que entró por primera vez en un estudio de grabación a los quince años y, desde entonces, nunca se fue.
http://www.pagina12.com.ar/diario/su...012-10-03.html

Creo que deberian pasarla en los colegios.

Saludos