Un estudio establece la relación entre campañas políticas y el uso del neologismo “motochorro”
“A los motociclistas nos obligan a demostrar que no somos peligrosos”
Publicado el 10 de Abril de 2011
Por Lucia Alvarez



Cansados de que los automovilistas suban las ventanillas cuando paran al lado, un grupo de conductores de motos se organizó para resistir la estigmatización y los proyectos de ley sobre el uso de chalecos con la patente.
Cómo se transforma a un ciudadano en un sujeto peligroso? ¿Cuánto tiempo, cuántas voces se necesitan para construir un enemigo? Hace tres años los conductores de motos empezaron a sentir un cambio en la calle: los automovilistas subían sus ventanillas al verlos y las caras largas se repetían cuando se paseaban con el casco en la mano. Un tiempo después, esa desconfianza se transformó en directo rechazo y hoy es difícil que entren a un banco sin que el encargado de seguridad pregunte: “¿Necesita algo?” Para entender qué había detrás de esa percepción, un grupo de motociclistas autoconvocados realizó un estudio sobre las presiones mediáticas en su contra en los últimos seis años. Y así descubrieron cómo, poco a poco, fueron convirtiéndose en un nuevo y alarmante factor de inseguridad.
“Vimos que a medida que se usaban términos como ‘motochorro’, empezaba a crecer la psicosis. Hoy la gente está aterrada y se pone violenta. Y los motociclistas se enojan también porque si de verdad hay más delitos de ese tipo, las primeras víctimas somos nosotros. Esas motos antes fueron robadas. Hay que parar esta ola con urgencia. Pensar que la inseguridad pasa por la moto no es real. Nos confieren una responsabilidad que no es nuestra y nos obliga a demostrar que no somos peligrosos”, explicó a Tiempo Argentino Alberto Di Paolo, miembro de la organización Motos Clásicas y perteneciente al grupo de Motociclistas Autoconvocados (MA), creado en 2010 para resistir la estigmatización y los proyectos de ley sobre el uso de chalecos con patente, impulsados en la legislatura porteña y anteriormente en la provincia de Buenos Aires.
El estudio marca como origen de este proceso el domingo 18 de marzo de 2007. Ese día, la sección Policiales del diario Clarín publicó un artículo titulado “Los ‘motochorros’, especialistas en salideras de banco y arrebatos”, donde se advertía que, según “fuentes policiales y judiciales” el 50% de esos delitos en la Capital eran cometidos por ladrones en motos. Se acuñaba el término por primera vez y el diario adjudicaba la creación a unos vecinos de Palermo.
A partir de ahí, Clarín y otros diarios nacionales empezaron a utilizar el neologismo con mayor o menor frecuencia, según los cambios en la coyuntura política. Los gráficos del estudio muestran que entre 2007 y 2009, las menciones aumentaron en circunstancias como la campaña del jefe de gobierno porteño Mauricio Macri por la Policía Metropolitana o el lanzamiento de la candidatura de Francisco De Narváez en la provincia de Buenos Aires. En el primer caso los artículos superaban los diez por mes durante junio de 2007, cinco veces más que ese mismo mes dos años más tarde, cuando la inseguridad ya no tenía tanto protagonismo.
También el mundo de la política adoptó rápidamente el término. Tal vez la escena más clara de cómo se instalan estos prejuicios en el inconciente sea el fallido que protagonizó el jefe de gobierno porteño Mauricio Macri cuando, para llegar a una cita en Comodoro Py, se subió a una moto sin casco y ante la prensa llamó “motochorro” al conductor que le dio una mano.
Pero fue realmente a partir de abril de 2010, cuando el oficialismo porteño presentó un proyecto para obligar a los conductores de motos a usar un chaleco con el número de la patente y restringir la circulación de a dos en algunas zonas y horarios, que las menciones al término en la prensa crecieron estrepitosamente.
En el diario Clarín se alcanzó el mayor récord: 43 notas sobre “motochorros” durante el mes de agosto. Y no sólo informativas, también el matutino se comprometió con el tema en sus editoriales: “La Legislatura debe establecer normas para tratar los problemas que preocupan a la población, como es el caso de los motochorros, los cuidacoches o limpiavidrios”, publicaron en la sección Opinión en mayo de ese año.
El proyecto finalmente fue aprobado en la legislatura porteña, aunque no en los términos que el macrismo esperaba porque, entre otras cosas, se le dio un plazo de aplicación de 180 días (ver recuadro). Milagrosamente, las noticias sobre motochorros casi desaparecieron: el diario La Nación, que había publicado casi 20 artículos en julio, pasaba a mencionarlos solamente una vez en diciembre. En ese mes los medios ya estaban concentrados en un nuevo sujeto peligroso: los “ocupantes” del Parque Indoamericano. “El 5 de abril caducó esa parte de la ley y van a querer insistir con el tema, que nadie se extrañe si en unas semanas volvemos a ser los malos de la película”, concluyó Mónica Haissiner, de MA.
Incluso este diario usó el neologismo hasta el 15 de octubre. Lo que determinó el cambio de posición fue un correo de lectores publicado bajo el título “¿Motochorros?”, donde Jorge Rubino observaba esas menciones. “En las calles, debe imperar el respeto mutuo, los conductores deben considerar al otro como un prójimo y no como un probable enemigo. Con la forma actual de tratar el tema de los delitos, con eje en los cometidos desde una moto, se está generando una situación peligrosa que puede terminar en serios incidentes”, advertía el lector. <
fuente: http://tiempo.elargentino.com/notas/...mos-peligrosos