Alicia (inesperada inspiración)

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  1. #1
    Ab Aeterno Avatar de Nikolai.
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    Alicia (inesperada inspiración)

    Una breve introducción: soy fotógrafo, antes escribía muy seguido y dejé de hacerlo por falta de inspiración durante muchos años. Hoy, sin que me lo esperara, mientras estaba sentado en la pileta, mi cabeza empezó a hilar una historia y necesité escribirla, me sequé, vine a la PC, y salió lo siguiente.

    Quería compartirlo con ustedes, y que me cuenten que les pareció. Bienvenidas sean correcciones y críticas constructivas.

    Un saludo.



    Alicia.

    No podían evitar mirarse las caras y sentir la mentira presente en la mesa. Ante la infame pregunta, toda la familia confabuló en silencio para ocultar la realidad, elaboraron una mentira que sonara real y la lanzaron como sin pensar las consecuencias. Carlitos, el más nostálgico del patético grupo de fideos de los domingos, contó lo bien que la había pasado en el Parque de la Costa con su hija, cuyo nombre (si bien recuerdo su invención) era Alicia. O Ali, como él la quería llamar. Anduvieron en varios juegos, compraron helados de limón y chocolate granizado, y se tiraron en el pasto a reirse de las anécdotas de dibujos animados que veía la menor. Pobre Carlitos, tan alejada era su verdad de ésa historia, tan alejada y tan distorsionada, que costaba distinguir cual era la más lejana de ambas.

    Sin embargo, la tía Moni decía que había visto a Carlitos en el Parque, acompañado de su dulce y morocha (“rubia tía, rubia”) hijita Alicia. O Ali, como a ella le hubiese gustado llamarla. “Ali es divina, tiene un pelo hermoso, rubio me dijiste no Carlitos? Sí, rubio, como el padre, unos ojazos de un color super profundo, azules o verdes. No, marrones, pero un marrón bien profundo, ¿viste?”.
    Por supuesto, la tía estaba con su novio Rubén, un morochazo fisicoculturista de 30 y pico de años inexistente que era adicto a las motos y a complacerla a toda hora, tanto con su personalidad como físicamente, como tan claro se encargaba de describir la tía. “Ay, pero qué de horrores si Ali escuchara ésas cosas, tía, menos mal que no la traje hoy”. Sí, menos mal.

    La vieja en cambio era más vivaracha. Siempre fue del mate (y la ocasional facturita o el pan con manteca y azúcar, claro) a la mañana, decía que la despertaba más que el café. Pf, el mate despertar más que el café… en fin, cosas de la vieja. Nadie la iba a contradecir, lo suyo era palabra santa y no había posibilidad de renegar porque al instante ella ponía el grito en el cielo y había que ver la que se armaba. Menos mal que no habían traido a Ali hoy, pobre chiquita, tan inocente. La vieja lo miró al Carlitos y le dijo que se sirva un poco más de salsa, con lo que le costó hacerla, toda la mañana aplastando los tomates y él hablando del parque, del pasto y de los helados de limón con chocolate granizado, habráse visto. Carlitos se sirvió un poco más de salsa y prosiguió, ésta vez con la boca bien llena y el ojo de la vieja clavado en el plato, vigilando que quede limpio. Contó que Ali se había caido corriendo en el parque (“Ay dios me libre!”) y se había lastimado la rodillita, a lo que prosiguió una ópera de suspiros y diosesmíos en la mesa. Igual estaba bien, no era para preocuparnos. “No la pude traer por eso, en realidad, la pobrecita se hizo una frutilla que hay que verla en la rodilla y estaba medio tristona”.

    El tío apenas comprendía de lo que estabamos hablando. Hacía unos años ya que el Alzheimer le había sacado lo macho del cuerpo y lo vivaracho de la cabeza. Había quedado finito finito y hecho un boludo. Pobre tío, que Ali no lo vea así pobrecita. Encima con la rodilla lastimada. El tío nos miraba (a veces) y cada muerte de obispo se le prendía la chispa de nuevo, le brillaba el ojo y se levantaba hecho un relámpago el culiáu, se peinaba el bigote con la mano, sosteniendo el seño fruncido y la boca entreabierta mostrando los dientes en una hermosa sonrisa, cual perro de caza. Una bestia el hombre, herrero de aquellos el viejo, manos de leñador. Unos ojos azules como el mar, el hijo de puta. Ascendencia irlandés el tipo. Pero así de rápido como le venía la lucidez y lo hermoso a la cara, se le iba, y volvía a sentarse, a cerrar la boca, y a perder la mirada en un sinfín nostálgico de recuerdos que ya no estaban.
    Nos asustabamos mucho cuando el tío se levantaba de la silla de repente, entonces a Raúl se le ocurrió atarlo con un cinturón a la silla y que se quedara ahí. Como nos hacía mal verlo que le agarren las luces de nuevo, pero que estuviera atado, levantamos la silla y lo dejábamos en el parque con la perra. Cómo nos daba pena que la perra se fuera, y él no la pudiera llamar porque estaba atado, atamos al animal a la silla, pero cómo nadie quería llevarle el plato de comida (que estaba adentro), trajimos a la perra, a la silla, al cinturón y al tío a la cocina y los dejamos ahí, y sacamos la mesa afuera con los fideos y la salsa que la vieja había hecho toda la mañana, total hacía un día hermoso.

    Raúl (el de la idea del cinturón) era un tipazo. Guitarrista como pocos el negro. Un socialista comprometido con su causa, hasta se había comprado una barba en un cotillón y todo, porque a él no le crecía pobre, y un socialista sin barba no es socialista. Se sentaba con la guitarra y empezaba a cantar, todo el día acariciando las cuerdas estaba. Lástima que se sabía una sola canción, “Hasta siempre comandante”, pero bueno. Era el que más quería a Alicia. Siempre decía que se llevaban muy bien y se escribian cartitas jugando. Pobre Raúl, él también había caído en la mentira para tapar sus vicios y sus penas. Un tipo bebido el negro. Se tomó todo y vendió lo que no tenía para comprar más. Lloraba, a veces. Un montonazo lloraba.

    La decadencia de los personajes que habitaban la mesa se veía acrecentada por un cuadro de mi viejo, colgado justo arriba de la cabecera (ésta vez en un árbol, por la improvisada mesa en el exterior), dónde toda su vida se había sentado y donde nadie se sentaba ahora, por respeto a los muertos che, que en paz descansen. Le servía el plato con fideos y todo la vieja. Pobre vieja, esperanzada aún, le rendía tributo a las pinturas que dibujaban a un hombre de porte serio y corazón grande.

    Mi viejo estuvo mal con muchas cosas en su vida, como con lo de la vecina, pero sería pecar decir que nos crió mal al Carlitos y a mí. De oro el chueco. Siempre que podía nos enseñaba cosas y cuando estábamos más grandes nos pedía un nieto todos los días. Carlitos nunca hubiese podido cumplir la demanda de mi padre: tuvo un accidente en caballo que lo dejó inútil ahí abajo, mis viejos nunca se enteraron, no va a ser cosa de andar contando lo que nos pasa en las partes por ahí.
    Yo nunca podría haberle dado un hijo. No iba conmigo el asunto ése. De chiquito que prefiero juntarme con amigos y listo, una cosa que siempre todos vieron rara, pero siempre la sentí como normal. ¿Qué hay de malo acaso en querer mucho, muchísimo a un amigo de uno? Así me siento, aunque de eso no se habla porque la vieja se pone toda roja y ya hay que llamarlo al doctor Lizarraga y se arma.

    Todos nos mentíamos en ésa mesa, sobretodo a nosotros mismos. Todos nos dibujábamos una realidad mentirosa, inclusive Alicia, la hija ficticia de mi hermano de la cual tódos nos jactábamos de amar y querer como si fuese única. Perfecta era, la rubiecita. Divina. Inventábamos sus andanzas, la hacíamos ir de parque en parque, a recorrer plazas, le compramos globos, le sacamos fotos que nos olvidábamos de llevar, le hacíamos regalos de navidad, le cantábamos, la llorábamos cuando no estaba. Que era siempre. Nunca estaba, ni nunca estuvo. Pero eramos felices pretendiendo que era así, que ella existía. Ella nos daba una razón para vivir, ella nos contaba sus cositas y la ayudabamos entre todos a crecer.

    Hace unos meses ya que no sabemos nada de ella. Se escapó con un noviecito que le inventamos, el pobre Carlitos no pudo tolerarlo y se ató una soga al cuello el desgraciado. La vieja está como el tío, mira a los perros y piensa en Dios sabe qué. No dice palabra. El cuadro del chueco sigue ahí, vigilando nuestras mentiras y controlando en silencio que todos coman la salsa que la vieja preparó. Toda la mañana estuvo che, aplastando los tomates. Raúl y la tía siguen igual. Se niegan a creer que Ali se fue, pobres, viven en una mentira… se dicen entre ellos que la vieron y que está bien. No aceptan que se fue.

    Yo, espero.
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    Con los milicos no habia que instalar nada.
     

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  3. #2
    Advocatus Diaboli Avatar de Dr.D
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    Re: Alicia (inesperada inspiración)

    Esta muy bueno!
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    Dura lex, sed lex.
    Mi laboratorio secreto
     

  4. #3
    Avatar de lancester
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    Re: Alicia (inesperada inspiración)

    excelente!! me re gusto!!

    sobre todo el lenguaje y las comparaciones que son bien nacionales.. La parte del tio atado a la silla para q no se levante y de miedo me causo mucho.. y el protagonista q queria muchisimo a los amigos.. jajaja. y carlitos que se ahorco..jajaja.

    muy bueno y gracioso..
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    Citar Mensaje original enviado por Coyote9mm Ver Mensaje
    payaso si le tenes miedo a la muerte no salgas de tu casa gil!
    jajajajjaja!

    Citar Mensaje original enviado por CAMPES Ver Mensaje
    busca un grupo de 3 o 4, acercate y pregunta "disculpen, alguna de ustedes juega wow??" si te dicen q si les preguntas en q server y listo, a partir de ahi ya es pan comido.
     

  5. #4
    Fire unleashed Avatar de Ricardo I
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    Re: Alicia (inesperada inspiración)

    Muy buen relato che... la verdad te mantiene interesado hasta el final, por cierto cuando vienen las aventuras de Ali?... quiero saber que hizo esa rubiecita :P, dale no nos dejes colgados... escribite la continuacion.
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  6. #5
    Ab Aeterno Avatar de Nikolai.
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    Re: Alicia (inesperada inspiración)

    ¡Muchas gracias chicos!

    Croton, en cuanto me vuelva la inspiración veremos qué sale


    Abrazo!
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    Citar Mensaje original enviado por TRQ-DESIGN Ver Mensaje
    Con los milicos no habia que instalar nada.
     

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