Cuento Propio: Sentimientos (necesito algo mas original por dios)

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    Cuento Propio: Sentimientos (necesito algo mas original por dios)

    Sentimientos

    Siempre igual. Se desparramaba en su cama, escuchaba música, a veces se concentraba en el tema, en la parte mas pegadiza, o en el solo chillón, pero volvía a sus pensamientos, tímida pero entregadamente. No tenía ganas, pero su mente se le imponía. Por momentos se reía, enfocaba su mirada en el vacío. Parecía fascinado por el techo, aunque ésta sería una suposición un tanto incoherente; el cielo raso era monotonísimo, de un blanco lúgubre y muerto. Seguramente miraba algo más. Siempre le pasaba lo mismo. Llegaba entusiasmado, el día había tenido esa cuota de nada, que lo rebalsaba, y el proceso era siempre igual: buscaba en su mente esas cosas insignificantes que solo había visto él, cuando encontraba algo más o menos coherente, y haciendo malabares con ucronías de días pasados, agregaba esas cosas que quizás nunca haría, a la galaxia de datos que iba amasando en su cabeza; y una vez que le encontraba el hilo a esa maraña, y se veía sumergido en esa nueva realidad paralela que había creado tan rápidamente, se tiraba a ver su propia película. Siempre igual. Odiaba que la película se le cagara a lo último.

    Siempre llegaba esa parte que no entendía, esa en donde su propia mente lo arrancaba de la sala y le apagaba el proyector, y lo encerraba en una burbuja laberíntica de luz y oscuridad: dependiendo del día, intentaba tomar un lado diferente, pero terminaba, siempre, u obnubilado por la claridad, por esa naturaleza admirablemente perfecta de su película de ilusiones y obsesiones, cautivo de una atmósfera a la que realmente no pertenecía, y en donde se sentía omnipotente, prodigioso; o cegado y desorientado en el polo oscuro de esa cárcel, que déspota, lo sometía con un monólogo confuso de dobles mensajes, esperanzadores y violentos, en donde su realidad virtual explotaba y se rompían los lazos imaginarios entre esos pensamientos que hábilmente había montado en su película, y que ahora tan solo lo confundían, por lo que solo podía llegar a interpretar algunos sollozos de angustia y soledad; que lo mantenían reprimido hasta que la resignación lo liberaba y lograba volver a su cuarto y a su aburrido techo. Esos días era una película de mierda, pero valía la pena el riesgo; además, puede que la narración de ese final fuera un tanto exagerada, sin contar que el principio lo suavizaba. Y no todas las noches resultaba ser una película de terror Era un cineasta con talento. Desgraciado como afortunado.

    Un día su espíritu se enculó. Y tenía razón, no tenía por qué bancarse las dudas que su mente le dejaba, y no compartía ese sadomasoquismo que lo caracterizaba como director. Con el tiempo, no soportó los sentimientos que se le amontonaron, y decidió escapar de su cuerpo, para ver si podía comprender sus pensamientos desde un punto de vista diferente; estar dentro de sí lo avasallaba. Así, se vio lavándose los dientes frente al espejo del baño, y le pareció una oportunidad ideal para intentar su misión. Dando evidencia de un autocontrol milagroso, su alma se desprendió de sí mismo y tomó el cuerpo intangible en su reflejo. Una vez acostumbrado a su falta de volumen y a la humedad de la ducha que se le pegaba, y lo hacia sentir como en un sauna, se miró a los ojos y se vio parado frente a su alter ego. Se increpó, se preguntó sus dudas y hurgó en su mente desde afuera, pero se vio igual de inundado por sus respuestas confusas, por lo que no le quedó otra opción que la de regresar a su cuerpo. Y en su cuerpo apagó la tele bostezando y logró dormirse. Y no dejó pasar esa chance. Escapó de su esqueleto y huyó para siempre.




    Buscando una existencia normal, pensando que podría hallar el paraíso en vida, tomó cuerpos y mentes ajenas en busca de tranquilidad. Primero experimentó el aburrimiento de un ama de casa, a quien abandonó mientras veía una novela, y tropezando entre los surcos de su frazada, tomó vuelo y se refugió en un abogado, que plagado de mentiras en su mente, le provocó tal repulsión que lo llevó a terminar en el cerebro de un honorable médico, en donde al no soportar recuerdos de pacientes perdidos, saltó hacia el aire nuevamente; y apiadado por las miserias vistas, extrañó sus sentimientos. Eran confusos pero auténticos, y aunque desencadenaban a veces dolores, eran esencialmente puros. Primero extrañó lo bueno de su mente: se fue de luna de miel en el cuerpo de un magnate, se vio disfrutando de un primer beso en la mente de un pibe, pero nada lo llenó completamente. A sus sentimientos les faltaban esos ingredientes que le daban esas sensaciones de urgencia y peligro infantil que antes esa satisfacción extraña, esa mezcla de dudas y deseo que lo trastornaban, le provocaban. Por lo que ahora iba de víctima en víctima, buscando el dolor: pasó por cocainómanos y prostitutas, pero en esos cuerpos solo encontró dolores crudos y desagradables, nada pícaro, nada de lo que buscaba. Realmente extrañaba su cuerpo, su mente, y trató de encontrarlos de nuevo, pero no estaban en su casa, ni en ninguno de los lugares en donde solían estar cuando le pertenecían; ni en ningún sitio a donde su instinto lo llevó. Gozando de una triste libertad, el espíritu se unió a algunos manes que lo sorprendieron vagando por la nada, y fue por allí soltando gritos espectrales, divirtiéndose, pero nunca olvidó sus pensamientos abandonados, y volvió a su camino.

    Esta vez decidió empezar a formar su sentimiento desde cero, estaba decidido a manejarlo mejor y ser capaz de disfrutar de su magia. Buscó arena mojada y con practica logró moldearse un cuerpo totalmente realista, una mente totalmente virgen en donde crear lo que quisiera. No sabía por donde empezar, era algo realmente complejo. Dio algunos primeros pasos, intento mirando y tocando, pero claro, era de arena; no tenía la mirada con que improvisar, ni el tacto como para captar; y aunque los tuviera, le faltaba algo básico: no tenía a quien había provocado el sentimiento, el objeto que lo había hecho divagar de tal manera. Igualmente algo hizo. Con mucho esfuerzo, consiguió una imitación bastante barata de la tormenta en su mente original, pero se desvaneció bastante rápido. Abandonó su cuerpo de arena, y fue a buscar a quien había inspirado a su cerebro, durante esos días en que no podía evitar, estar volviéndose tan loco.

    Lo vio, totalmente eufórico y entusiasmado, caminando por una calle iluminada del centro, y añoró acercársele; pero claro, ahora no tenía un cuerpo. Desesperado por hurgar en su mente, decidido a borrar las sospechas que lo sacaban de sí cuando reposaba cómodo en su cuerpo original, se tentó y, silencioso y avanzando tosco y bruto por los nervios, robó su mente y la ocupó. La adrenalina duró poquísimo. Se asustó tremendamente al ver que ese cuerpo había robado su anterior pensamiento, sus sentimientos; vio a su mente calcada en la mente de la razón de sus propias obsesiones. Totalmente confundido, buscó al alma dueña de ese cuerpo, pero no la encontró; al parecer también había escapado. Desorientado, el ya cansado espíritu abandonó ese cuerpo, y se fue a vagar perdido por el vacío, intentando buscar razones por las que no dignarse a volver a su cuerpo, en vano, puesto que no tenía una mente para pensar en ello.

    Tiempo después se cruzó a su cuerpo gritando desesperado, corriendo aleatoriamente por lugares que nunca hubiera pisado, gimiendo por la vuelta de su alma. A su mente le pesaba demasiado su propia existencia, era algo lo bastante intenso como para anegarla si no tenía un alma para disfrutar y sufrir. El alma, ingenua, pensó que su cuerpo se había desesperado al ver que otro ser, el motivador de su obsesión, había robado sus pensamientos. En un acto reflejo, se encontró inevitablemente dentro de su cuerpo, y esperando ver una mente en blanco, quedó anonadada dentro de sí. Pensando que su mente había sido violada, se encontró con que su realidad era exactamente la de antes, el sentimiento que habia visto en la mente del supuesto saqueador, era un pensamiento original: diferente, no era el suyo, puesto que el suyo estaba allí en su mente, pero era totalmente igual.

    Siempre igual. No soportó la confusión en su mente, y escapó de su cuerpo. Ya había hecho ese viaje varias veces.

    Y su cuerpo y su mente quedaron solos, desolados, ante sus pensamientos; que no les dejaban averiguar, o no podían aceptar, a manos de un alma cobarde, si otra alma compartía su sentimiento, o si solo habían creído ver, sus propios mente y cuerpo, en los pensamientos de un alma ajena.




    Gracias por tomarse el tiempo de leer, opinen!!
    Saludoooos
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    Última edición por EduDB2 : 20-06-08 el 04:08 PM
     

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