| Never Surrender
Registración: Sep 2003 Ubicación: Chascomús
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| [¿Cuento?] Carta de amor. Digamos solamente, que imaginarte bailando rock and roll junto a mi ya no me basta, y ahora que no estas, tengo que contar una historia que nunca debería pasar, si no es que ya no pasó.
Era tal vez la primavera más aburrida de mi vida, y yo que no soy muy divertido, se me ocurrió ir a las clases de una de mis tantas materias teóricas de la facultad de informática. Más allá de los datos obvios, que siempre están demás y que los que van a esas clases no entienden, estabas vos, sentada en la primera fila, yo siempre sospeché que sí entendías lo que el profesor intentaba explicar con sus tan complicadas palabras que nunca terminaban y siempre intentaban morir en algún oído atento. A priori, yo no sabía nada de vos, solamente te había visto dos veces y para colmo no sabía ni tu nombre. Para mi asombro eras tan aplicada que no prestabas atención a los muchachos pervertidos que decían cosas obscenas sobre tu belleza natural, para mi favor solo me bastaba con mirarte para ser feliz, cosa que es realmente muy fácil si uno encuentra la oportunidad y el móvil. Tus ojos marrones y grandes solo tenían una debilidad, tu cabello castaño que se mecía en tu espalda. Pero tantas palabras ya deben aburrir, lo que importaba es que yo me había empeñado en esquivarte así mirarte sería solo mío, pero pronto entendí, a menos de un par de semanas, ya entrado octubre, que tenía que hablarte. Mi timidez nata hacia de esa tan sencilla tarea, algo altamente difícil y riesgoso para mí, pero es así de complicado esto, que básicamente no me importo lo que me decía el que habla por mi en mi cabeza, que a veces no sé si soy yo, o es, tal vez, otro de mis yo. Eran tal vez las 12,30 o más tardar las 12,33 y vos, como siempre, estabas debajo de ese majestuoso roble en el ala oeste del parque que se enfrentaba a la facultad, yo siempre comía cerca tuyo, pero nunca lo suficiente como para que me divisaras, y mucho menos, me hablaras, pero ese día, fue distinto, me acerqué hacía vos, lento, muy lento, como si me olvidara algo, cuando llegué a donde estabas vos, me recordé, o me recordaron, que nunca había aprendido el arte de iniciar una conversación eso me provocó nauseas, ya que siempre me jacté de no necesitar esas cosas, pero esta vez, era distinto. Cuando me divisaste, o sea, me miraste, sonreíste, me sonreíste, y me llamaste por mi nombre, cosa que fue impactante, ya que yo no sabía el tuyo, y nunca había hablado con vos. De repente, muy de repente, me di cuenta que estaba parado, con un taper en la mano y mudo, como un mimo, pero un mimo que quería ser una estatua, o algo más duro y rústico que eso. Pero me recuperé, no sé como, pero pude decir un “hola” un poco gastado ya, pero siempre tenía el mismo efecto la primera vez. Fue nuestra primera vez, nuestra primera charla, que no fue la más inteligente, porque no somos ningunos genios, ni mucho menos, pero voy a tratar de recordarla lo mejor posible:
-Hola, ¿te sentas?, ¿o te vas a quedar parado como una estatua con un taper?-Dijiste, por cierto, pensaste lo mismo que yo unos momentos atrás-
-Hola, s..sí...-No pude inventar una excusa, pero no necesite decir nada- ¿Cómo sabes mi nombre?
-Lo leí en la planilla de evaluaciones, sos el único que está sobre mí en las calificaciones, a parte los profesores siempre te dan de ejemplo en las clases que nunca vas, ya que no te sirven, o eso dicen ellos, de vos. Yo creo que es mentira, -me miraste de una forma tal que pensé “Que tierna forma de ser altanera”- pero no sé, me lo podrías decir vos, ¿no?.
-Jaja, ¿eso dicen de mí?, -respondí, duro aún, pero con vida-
-Exacto, dicen otras cosas, -dijiste, veloz y segura, tomando tu taza, de algo verde- pero pensarías que soy demasiado atenta a lo que dicen lo demás.
-Lo pensaría sí, pero no lo creería. Y sí, esas clases no me sirven de nada, ya que los profesores, si te fijas bien, dicen lo mismo que los libros, y los libros son más sociables para mí que mis profesores. -Lo que había dicho, era estúpido y me destapé tanto que me dolió-. Pero yo todavía no sé tu nombre. ¿Cómo te llamas?-pregunté rápido asi no pensabas lo que había dicho-
-¿Quieres saber mi nombre? ¿Por qué? -Respondiste rápidamente-
-Para poder hablar contigo de mejor manera, -y sí, soy tan estúpido...- y para poder darle valor a lo que estoy haciendo acá, al hablar con vos, sin decir nada muy estúpido ni hacer ninguna bajeza propia de todo hombre común del cual me jacto ser distinto.-Sí, ya lo leíste, soy estúpido, muy estúpido, pero enamorado.-
Reíste de la manera más abierta que yo había sentido en mi vida, me mostraste todos los dientes en la sonrisa más bonita en la existencia de mi ser, y te tapaste con la mano, aunque también te sonrojaste al ver que te miraba. Cuando terminaste de reirte, o eso pensé yo, dijiste:
-Ayy, ¿Un chico tímido? Eso es nuevo estos días, solo por eso te diré que me llamo Elie ...-y cuando ibas a decir tu apellido te interrumpí-
-¡Con tu nombre me basta! -Grité, casi salte de la emoción, mi corazón parecía que quería morir ya, para morir feliz, pero aún seguía vivo-
-Está bien, sí así lo quieres, -dijiste y me miraste cerrando el ojo izquierdo y levantando la ceja derecha, o más bien invertido porque te miraba de frente- pero ahora vas a tener que hablarme de vos...
-¿De mí? -No me gusta hablar de mí- ¿Qué quieres saber?
-Sí de vos de quien va a ser, -pareció que mi respuesta te borró las ganas de hablar, pero tu sonrisa volvió con un sorbo de la cosa verde que estabas tomando- ¿De dónde sos? ¿Edad? ¿Signo? Todo, a ver si somos compatibles, -Sonreíste, y ocultaste la cara en la taza- y por sobre todas las cosas, ¿qué llevas en ese taper? -y me mostraste los dientes, pero esta vez tu cara quedó redonda y feliz-
-Eh, soy de aquí, tengo 19 años y soy Escorpio, aunque nunca supe para que sirve saber el signo, más allá del cumpleaños. Y aquí -Tomé el taper- llevo mi almuerzo, que debería comer antes de ir la última clase en 15 minutos.
-Ay, -Tomaste mi taper, lo abriste y lo observaste- ¡qué rico!, ¿puedo probar? -Sonreíste, otra vez, pero está vez me hipnotizó de la manera más hambrienta posible-
-Cómetelo si queres, no tengo hambre. -Cosa que maldije, después.- Ahora, decime vos, que es eso que tomas y que es tan verde.
- Té -masticaste mi comida, que de hecho la había hecho yo- verde, hay cosas que conservo de mi país todavía. -Seguiste comiendo-
-¿De dónde sos? ¿Japón? ¿China? -Pregunté, ya más libre, y con más hambre-
-Tokio, pero acá soy más feliz, porque te encontré a vos -De repente, yo, o mi corazón, o tal vez mi alma, estaba en el medio de la nada, pero no te importó, porque ya era la hora de irnos, y me devolviste el taper, vacío claro, y me tomaste la mano- Vamos que ya es tarde.
Y así fué como nos conocimos y tuvimos nuestra primera charla, ya pasó mucho tiempo desde esa primavera, a decir verdad 5 años, y nunca nos volvimos a separar hasta ayer, que volviste a Tokio. Como te prometí, te iba a contar algo lindo que yo quisiera, más lindo aún que lo leas vos, allá donde estás, y no voy a decir que no te extraño porque sería mentirte, y yo no lo hago. Pero quiero que sepas que pronto estaré allí, y te pido que no te duermas en tu casa y vallas a buscarme al aeropuerto porque no sé japonés y necesito verte antes que la luz del día se asome en nuestra ventana.
En dos días nos vemos, y en tres nos amamos, y siempre nos extrañamos.
Con amor, mucho amor.
P.D: Sé que pensás que soy anticuado a pesar que soy Licenciado en Software, y me gusta escribir cartas, pero yo sé que más te gustará leer esta carta que cualquier cantidad de mails que pueda mandarte.
Ahora sí me despido, recordando tu voz en esta vacío departamento.
La Plata, 15/10/2008
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