Qué si hubiera valido
mi fuerza cuando hice girar al mundo
y la tensión de músculos
ahora relajados
como los potros mansos
que comen a tus pies,
si hubiera actuado acorde al fuego
o a la chispa cuando la llama
en mí era menor,
si hoy a vos estuviera enraizado
y colocado entre tus rizos.

Qué si ahora, entre los
brotes de deseo y el instinto
animal que teme parir la flor
de la sangre y el semen,
no me estuvieran prohibidas
las parcelas de tu cuerpo.
Concentro
el mundo en tus rodillas y a ellas
les pertenezco y en su órbita,
como miembro de todo lo que albergás,
me manifiesto: marcho y en vos dejo,
para que veas, aceptes y recojas,
el trozo de mí que lleva tu nombre.