Textos varios.

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    Textos varios.

    Bueno, este primero lo escribí en varias veces, y los demás ayer. Como siempre gracias por leerlo, sino, gracias también por no leerlo.


    Digamos solamente, que imaginarte bailando rock and roll junto a mi ya no me basta, y ahora que no estas, tengo que contar una historia que nunca debería pasar, si no es que ya no pasó.
    Era tal vez la primavera más aburrida de mi vida, y yo que no soy muy divertido, se me ocurrió ir a las clases de una de mis tantas materías teórícas de la facultad de informática. Más allá de los datos obvios, que siempre están demás y que los que van a esas clases no entienden, estabas vos, sentada en la primera fila, yo siempre sospeché que sí entendias lo que el profesor intentaba explicar con sus tan complicadas palabras que nunca terminaban y siempre intentaban morir en algún oido atento. A priori, yo no sabía nada de vos, solamente te había visto dos veces y para colmo no sabía ni tu nombre. Para mi asombro eras tan aplicada que no prestabas atención a los muchachos pervertidos que decian cosas obsenas sobre tu belleza natural, para mi favor solo me bastaba con mirarte para ser feliz, cosa que es realmente muy fácil si uno encuerntra la oportunidad y el móvil. Tus ojos marrones y grandes solo tenian una debilidad, tu cabello castaño que se mecia en tu espalda. Pero tantas palabras ya deben aburrir, lo que importaba es que yo me había empeñado en esquivarte así mirarte sería solo mío, pero pronto entendí, a menos de un par de semanas, ya entrado octubre, que tenía que hablarte. Mi timidez nata hacia de esa tan sencilla tarea, algo altamente difícil y riesgozo para mí, pero es así de complicado esto, que basicamente no me importo lo que me decía el que habla por mi en mi cabeza, que a veces no sé si soy yo, o es, tal vez, otro de mis yo. Eran tal vez las 12,30 o más tardar las 12,33 y vos, como siempre, estabas debajo de ese majestuoso roble en el ala oeste del parque que se enfrentaba a la facultad, yo siempre comía cerca tuyo, pero nunca lo suficiente como para que me divisaras, y mucho menos, me hablaras, pero ese día, fue distinto, me acerqué hacía vos, lento, muy lento, como si me olvidara algo, cuando llegué a donde estabas vos, me recordé, o me recordaron, que nunca había aprendido el arte de iniciar una conversación eso me provocó nauseas, ya que siempre me jacté de no necesitar esas cosas, pero esta vez, era distinto. Cuando me divisaste, o sea, me miraste, sonreiste, me sonreiste, y me llamaste por mi nombre, cosa que fue impactante, ya que yo no sabía el tuyo, y nunca había hablado con vos. De repente, muy de repente, me di cuenta que estaba parado, con un taper en la mano y mudo, como un mimo, pero un mimo que quería ser una estatua, o algo más duro y rústico que eso. Pero me recuperé, no sé como, pero pude decir un “hola” un poco gastado ya, pero siempre tenía el mismo efecto la primera vez. Fue nuestra primera vez, nuestra primera charla, que no fue la más inteligente, porque no somos ningunos genios, ni mucho menos, pero voy a tratar de recordarla lo mejor posible:
    -Hola, ¿te sentas?, ¿o te vas a quedar parado como una estatua con un taper?-Dijiste, por cierto, pensaste lo mismo que yo unos momentos atras-
    -Hola, s..sí...-No pude inventar una excusa, pero no necesite decir nada- ¿Cómo sabés mi nombre?
    -Lo leí en la planilla de evaluaciones, sos el único que está sobre mí en las calificaciones, a parte los profesores siempre te dan de ejemplo en las clases que nunca vas, ya que no te sirven, o eso dicen ellos, de vos. Yo creo que es mentira, -me miraste de una forma tal que pensé “Que tierna forma de ser altanera”- pero no sé, me lo podrías decir vos, ¿no?.
    -Jaja, ¿eso dicen de mí?, -respondí, duro aún, pero con vida-
    -Exacto, dicen otras cosas, -dijiste, veloz y segura, tomando tu taza, de algo verde- pero pensarías que soy demasiado atenta a lo que dicen lo demás.
    -Lo pensaría sí, pero no lo creería. Y sí, esas clases no me sirven de nada, ya que los profesores, si te fijas bien, dicen lo mismo que los libros, y los libros son más sociables para mí que mis profesores. -Lo que había dicho, era estúpido y me destapé tanto que me dolió-. Pero yo todavía no sé tu nombre. ¿Cómo te llamas?-pregunté rápido asi no pensabas lo que había dicho-
    -¿Quieres saber mi nombre? ¿Por qué? -Respondiste rápidamente-
    -Para poder hablar contigo de mejor manera, -y sí, soy tan estúpido...- y para poder darle valor a lo que estoy haciendo acá, al hablar con vos, sin decir nada muy estúpido ni hacer ninguna bajeza propia de todo hombre común del cual me jacto ser distinto.-Sí, ya lo leiste, soy estúpido, muy estúpído, pero enamorado.-
    Reiste de la manera más abierta que yo había sentido en mi vida, me mostraste todos los dientes en la sonrisa más bonita en la existencia de mi ser, y te tapaste con la mano, aunque tambien te sonrojaste al ver que te miraba. Cuando terminaste de reirte, o eso pensé yo, dijiste:
    -Ayy, ¿Un chico tímido? Eso es nuevo estos días, solo por eso te diré que me llamo Elie ...-y cuando ibas a decir tu apellido te interumpí-
    -¡Con tu nombre me basta! -Grité, casí salte de la emoción, mi corazón parecía que quería morir ya, para morir feliz, pero aún seguia vivo-
    -Está bien, sí así lo quieres, -dijiste y me miraste cerrando el ojo izquierdo y levantando la ceja derecha, o más bien invertido porque te miraba de frente- pero ahora vas a tener que hablarme de vos...
    -¿De mí? -No me gusta hablar de mí- ¿Qué quieres saber?
    -Sí de vos de quien va a ser, -pareció que mi respuesta te borró las ganas de hablar, pero tu sonrisa volvió con un sorbo de la cosa verde que estabas tomando- ¿De dónde sos? ¿Edad? ¿Signo? Todo, a ver si somos compatibles, -Sonreiste, y ocultaste la cara en la taza- y por sobre todas las cosas, ¿qué llevas en ese taper? -y me mostraste los dientes, pero esta vez tu cara quedó redonda y feliz-
    -Eh, soy de aquí, tengo 19 años y soy escorpio, aunque nunca supe para que sirve saber el signo, más allá del cumpleaños. Y aquí -Tomé el taper- llevo mi almuerzo, que debería comer antes de ir la última clase en 15 minutos.
    -Ay, -Tomaste mi taper, lo abriste y lo observaste- ¡qué rico!, ¿puedo probar? -Sonreiste, otra vez, pero está vez me hipnotizó de la manera más hambrienta posible-
    -Cometeló si queres, no tengo hambre. -Cosa que maldije, después.- Ahora, decime vos, que es eso que tomás y que es tan verde.
    - Té -masticaste mi comida, que de hecho la había hecho yo- verde, hay cosas que conservo de mi país todavía. -Seguiste comiendo-
    -¿De dónde sos? ¿Japón? ¿China? -Pregunté, ya más libre, y con más hambre-
    -Tokio, pero acá soy más feliz, porque te encontré a vos -De repente, yo, o mi corazón, o tal vez mi alma, estaba en el medio de la nada, pero no te importó, porque ya era la hora de irnos, y me devolviste el taper, vacío claro, y me tomaste la mano- Vamos que ya es tarde.
    Y así fué como nos conocimos y tuvimos nuestra primera charla, ya pasó mucho tiempo desde esa primavera, a decir verdad 5 años, y nunca nos volvimos a separar hasta ayer, que volviste a Tokio. Como te prometí, te iba a contar algo lindo que yo quisiera, más lindo aún que lo leas vos, allá donde estás, y no voy a decir que no te extraño porque sería mentirte, y yo no lo hago. Pero quiero que sepas que pronto estaré allí, y te pido que no te duermas en tu casa y vallás a buscarme al aeropuerto porque no sé japonés y necesito verte antes que la luz del día se asome en nuestra ventana.
    En dos días nos vemos, y en tres nos amamos, y siempre nos extrañamos.

    Con amor, mucho amor.

    P.D: Sé que pensás que soy anticuado a pesar que soy Licenciado en Software, y me gusta escribir cartas, pero yo sé que más te gustará leer esta carta que cualquier cantidad de mails que pueda mandarte.
    Ahora sí me despido, recordando tu voz en esta vacío departamento.

    La Plata, 15/10/2008

    En dos partes.
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  3. #2
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    Soneto del cielo

    Cuando el viento corra detras del cielo,
    y él se oculte en el olvido
    es donde se acaba la pena
    y desintegra la desgracia.

    Y todo lo que queda son cenizas,
    de tu cara y tus miradas siniesras.
    Mientras el olvido queda en llanto
    por tus ojos en blanco

    El aire se dobla
    para darle tu forma.
    Y el cielo grita

    Para escuchar tu canción,
    que triste y sola,
    se perdió en mi corazón.


    Fragmento de un solo en el olvido

    Y así decía este poema, que ya he quemado a pedido del escritor, pero mis ojos nunca pudieron con el fuego en las palabras, y en mi mente, como todo lo demás, se volvieron enternas:

    Y el cielo azul se pierde en el verde mar,
    donde el suelo y el sol andan en paz.
    Que siempre sea una pena,
    ver tu cara en la arena,
    para ser siempre desdichado
    y así nunca olvido
    lo que es tenerte a mi lado.
    Y si quieres que muera,
    espero que sea a tu lado.
    Que todo se vuelva rojo,
    asi el viento me lleva a tus ojos...

    Nunca supe a quienes estaban destinadas, pero en fin, si la justicia existe, ese alguien las leerá.



    Soneto Enamorado

    El cielo espejado, me muestra la luna
    Tus ojos mojados, me muestran mi cara.
    Y yo pienso que el tiempo se hace enterno,
    Si tus manos son mi aliento.

    Y tengo miedo de perderte,
    Si solo tengo que amarte,
    y por eso te pido,
    que grites al olvido.

    Que me amas y me quieres
    Sin más remedio
    Que mi amor,

    Cómo yo te quiero en los mares
    Donde pierdo el aliento,
    Sin tocar tu cabello.



    Lágrimas frías.

    ¿Podrás recordar mi nombre?
    Si solo te he dicho que te quiero.
    ¿Podrás recodar mi nombre?
    Si siempre te he amado.
    ¿Podras recordar mi nombre?
    Si mi orgullo te he dejado.
    Ya nada tengo más que palabras y sueños,
    Para tu espalda cargada de cosas pesadas.
    Solo mi corazón me queda darte,
    Para que seas su dueña y lo mates.
    Así solo me queda decirte,
    Que estás son las lagrimas de mi corazón.


    Grito al Cielo hecho de Luna.

    El cielo, que realmente es un espejo, nos dice a veces que el día solo existe porque queda la noche. Tan así es que nunca es de día cuando es de noche, salvo cuando la luna quiere tocar el sol, y simpre de noche viene el día, entonces que queda para mí que nunca te he tenido, y nunca has existido, que siempre te he querido, pero ni tu nombre he sabido. Que queda para mí que te extrañado, y nunca has venido, y que siempre rezo para que vuelvas, pero en verdad quiero que existas, para así tenerte y la noche no sea más noche y tu seas mi día y seas mi noche. ¿Qué queda para mí que siempre te he querido y nunca has venido?
    Saludos Tatoh
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  4. #3
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    Perdón, este salió repetido.
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