Estas son algunas cosas que todavía no estan en su forma definitiva, pero tenía ganas de postear algo. Se trata basicamente de un aglomerado desprolijo de cosas, no se que forma le ire a dar, que configuracion va a tomar, ni siquiera si va a tomar alguna otra configuración, pero en fín, como ya dije, sencillamente tenía ganas de postear antes de irme a dormir. Está sin corregir, le faltan muchos acentos, y probablemente presente horrores ortograficos que se me han pasado por alto.
Anamorfismo humano
Me miró a los ojos y vió rayos y una tormenta que se alejaba a la altura de mí nuca. En el centro del vortice me ubicó, aceptó mi perspectiva y armo mis moldes con pedazos de su vida. Este es mi universo, este soy yo -se decía-. Acá hay otro punto capaz de contener a todos los puntos, acá se me aprieta la existencía, convergen ríos, arboles, día y noche, estrellas y sol, galaxías enteras, el mundo, la luna, el mar y las olas, la marea que sube y alcanza mis pies. Acá estan mis orillas, el río fluye, baja desde la alta montaña, hay valles y hay prado verde, hay un roble para que se rasque la pansa la blanca nube. El agua es fría, la paloma baja y yo mojo mis pies sentado sobre una roca. Bebe de mí agua ella y una suave brisa anuncía, es la obertura de su ausencía, sus alas se agitan desplegadas al brillo del sol.
Acá me aprieta la existencía, a la altura del pecho y a veces se me sube a la garganta el reflejo de tus ojos, el alma marca a fuego la piel.
Culpable de lo que no hice -se decía-.
Se apoderaba de mí para irse él y no yo. Ahora era otro.
Parado en la oscuridad a la orilla del río, perdido en la bruma, respirando la humedad. Escuchaba los pasos acercarse, sabía que era ella y la esperaba sin temor, curioso y con ansias. Se presento frente a él como un desgarro en la carne, y sentía su sangre correr por su estomago, bajar por su vientre, recorrer sus piernas, esquivar sus tobillos y así se escurria el calor de su cuerpo. Llevo sus manos a la herida, gota a gota caia su vida en esa imagen recurrente de caminos, pasillos, laberintos, un ritmo acelerado en principio, pero el caudal cedía. Llegaba a verlas caer, desarmandose, estallando en mas y mas pequeñas gotas, respiraba su aroma acido, y el frío se apoderaba de sus extremidades. Cayo arrodillado sobre un charco de barro y sangre, sus fuerzas cedian, su vítalidad cedía, el flujo sanguineo cedía.
Veía irse otra vez, no era la primera vez que moría. Él moría, y yo lo veía, se llevaba a la vez un trozo de mí vida, pero a la vez vivía en mí todo aquello, viviría ya no encarnado, viviría como texto, como recuerdo, o se apretaría también alla para cuando me dispusiera a mirar hacía adentro, y quien sabe, hasta tal vez algun día reviviria o nacería de nuevo.
Moje mis pies en el manantial de agua fría y transparente, bebí del agua de las alturas, bebí de ella, me alimentó y me ahogo en letras. Y sabía que ya no habría poesía que me susurrara al oído, ni dedos para hundirse en mí carne, o que barajaran palabras al azar, el orden cabal de las cosas que me rodean, te llaman y hacen eco de tu nombre acá y allá.
El tiempo sin tiempo, de infinitos abstractos, o tal vez en una pausa a un costado y mas allá, es como la espuma del mar, el valor trascendental que le asignamos a eso, que luego nos lleva a aquello, y se pierde por adentro, pero a la vez queda, queda y se va. Fluye, revienta en efervescencia, retorna. Pero hay un algo mas, un bajar de la montaña ya sin mascaras. Ahora se trata de la atmosfera enrarecida, presenta luminiscencias por todas partes, pequeños puntos que ahora se unen y resplandecen, luego se separan, otra vez se van.
Había una mancha ahí, una silueta de algo que apareció en el momento mismo en el que comenzaba a desdibujarse, había sido como un vacío, un error; ¿la arbitrariedad de la voz de mi pensamiento? Las figuritas pegadas en la pared y en el techo de mi cuarto, caían ahora hacía mí, el desenlace mas obtuso.